Colapso. Especulación. Pensamiento positivo. Mirada crítica. Ciencia. Ecología. Sentido común. Dios. Recursos internos. Solución de problemas, vidente africano con gran poder. Perros.
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29 marzo 2010
08 marzo 2010
Malestar
Habíamos tomado una de esas sustancias que aumentan la empatía temporalmente y estábamos en su casa, cómodamente instalados frente al televisor, arañandole a la noche los últimos momentos de anonimato. Yo estaba en el suelo con una manta. El otro colega dormía ya, muy pálido, en un sofá.
Ya amanecía. Ella se disponía a echarse a dormir. Me enseñó las pastillas que tomaba: Esta para la esquizofrenia, estas para dormir, esta para el cáncer...
Inquirí.
Me contestó.
Hice un gesto.
.- ¿quieres ver? -me preguntó.
.- Más bien tocar -le contesté.
.- No notarías nada -dijo- y se levantó la camiseta.
De repente entendí por qué en su habitación los sujetadores me habían parecido tan grandes:
.- ¿Te enrollas con una chica? -había preguntado yo.
.- No. Son míos -había contestado ella- pero a mí no me había encajado el tamaño.
Ahora veía por qué: del interior de la copa izquierda, donde no debería haber hueco para nada, sacó un pañuelo de cuello. Luego apartó el sujetador: no tenía pecho. Un gran tijeretazo recorría su pecho desde la izquierda hasta casi el esternón a la altura de la base de la mama: había una fea cicatriz, con los bordes en desnivel, umbilicada, de color más oscuro que la piel.
Otra sajadura algo más pequeña, disimétrica, ligeramente convergente cruzaba cuatro dedos más arriba. Entre las dos el espacio donde debía haber estado el pecho se veía ligeramentre abombado. No puede ser tejido mamario, pensé mientras ponía mi mano encima. No lo era, no sé qué era, era blando.
.- Me tuvieron que rellenar con piel de la espalda -dijo- y se giró para que lo viera. Otra gran cicatriz...
Volvió a girarse y entonces vi junto a la parte herida el pecho más asustado que había visto en los últimos 20... 23 años.
.- ¿Quieres tocar mi pechito? -dijo.
Era obvio que sí. Puse la mano encima pero ella se tapó enseguida. Volvió a cubrirse con el sujetador, la camisa, el jersey y la chaqueta. Yo me quedé pensando... 20 años antes me había costado dos días despertar un pecho parecido; con los pezones hundidos, la areola fláccida, el color gris uniforme.
.- Pensaba que no tenía sensibilidad en el pecho -me había dicho ella. Pero sí la tenía, y sus pechos en unos días se habían vuelto hermosos y orgullosos... Pero eso había pasado hacía más de 20 años, cuando yo aún era joven y guapo, y noble y puro. Y la chica quería vivir y curarse.
Ahora me encontraba en el comedor de una casa desahuciada, oyendo de fondo las tonterías que hacen en la tele de madrugada, mientras la chica de hoy se había acomodado en el sofá, acompañada de sus dos animales castrados, y buscaba sobre la mesa algún resto de sustancia embriagadora a la vez que esperaba que el concentrado de sueño hiciera su efecto.
Cuando empezó a roncar, desperté a mi amigo y nos fuimos en silencio.
Ya amanecía. Ella se disponía a echarse a dormir. Me enseñó las pastillas que tomaba: Esta para la esquizofrenia, estas para dormir, esta para el cáncer...
Inquirí.
Me contestó.
Hice un gesto.
.- ¿quieres ver? -me preguntó.
.- Más bien tocar -le contesté.
.- No notarías nada -dijo- y se levantó la camiseta.
De repente entendí por qué en su habitación los sujetadores me habían parecido tan grandes:
.- ¿Te enrollas con una chica? -había preguntado yo.
.- No. Son míos -había contestado ella- pero a mí no me había encajado el tamaño.
Ahora veía por qué: del interior de la copa izquierda, donde no debería haber hueco para nada, sacó un pañuelo de cuello. Luego apartó el sujetador: no tenía pecho. Un gran tijeretazo recorría su pecho desde la izquierda hasta casi el esternón a la altura de la base de la mama: había una fea cicatriz, con los bordes en desnivel, umbilicada, de color más oscuro que la piel.
Otra sajadura algo más pequeña, disimétrica, ligeramente convergente cruzaba cuatro dedos más arriba. Entre las dos el espacio donde debía haber estado el pecho se veía ligeramentre abombado. No puede ser tejido mamario, pensé mientras ponía mi mano encima. No lo era, no sé qué era, era blando.
.- Me tuvieron que rellenar con piel de la espalda -dijo- y se giró para que lo viera. Otra gran cicatriz...
Volvió a girarse y entonces vi junto a la parte herida el pecho más asustado que había visto en los últimos 20... 23 años.
.- ¿Quieres tocar mi pechito? -dijo.
Era obvio que sí. Puse la mano encima pero ella se tapó enseguida. Volvió a cubrirse con el sujetador, la camisa, el jersey y la chaqueta. Yo me quedé pensando... 20 años antes me había costado dos días despertar un pecho parecido; con los pezones hundidos, la areola fláccida, el color gris uniforme.
.- Pensaba que no tenía sensibilidad en el pecho -me había dicho ella. Pero sí la tenía, y sus pechos en unos días se habían vuelto hermosos y orgullosos... Pero eso había pasado hacía más de 20 años, cuando yo aún era joven y guapo, y noble y puro. Y la chica quería vivir y curarse.
Ahora me encontraba en el comedor de una casa desahuciada, oyendo de fondo las tonterías que hacen en la tele de madrugada, mientras la chica de hoy se había acomodado en el sofá, acompañada de sus dos animales castrados, y buscaba sobre la mesa algún resto de sustancia embriagadora a la vez que esperaba que el concentrado de sueño hiciera su efecto.
Cuando empezó a roncar, desperté a mi amigo y nos fuimos en silencio.
31 enero 2010
24 enero 2010
la canción del que no quería mentir
Y esta pal Ignatus, que ha comentado por aquí hace pocos días...
Y pa todos nosotros, ¡qué cojones!
Y pa todos nosotros, ¡qué cojones!
20 enero 2010
consciencia
Aunque no seamos conscientes de muchas cosas nuestro subconsciente es consciente de todo. La conquista de la consciencia consiste en ser más conscientes de las cosas de las que nuestro subconscinete ya era cosnicente.
18 enero 2010
ni madrugando
Hoy he salido a la calle muy temprano y no he visto...
¡Qué rabia!
Quería gritar:
¡¡NO VEO A NADIE FELIZ!!
13 diciembre 2009
Punto de contacto
En la frontera entre yo y el mundo se libra la batalla.
Ahí hago juegos malabares con lo que toco.
Soy el único responsable de esa frontera.
16 noviembre 2009
Ser o no Ser
Dice Helen Keller* que le resulta dificil entender que una persona que no ha tenido casi acceso a la cultura y nació en un pueblecito pueda haber escrito 27 obras inmortales...
El estar vivo, e inmerso en el mundo, es creo yo suficiente justificación para ser capaz de escribir tales obras. Seguro que Shakespeare no tuvo tiempo de calcular todas las implicaciones de su frase, ni todos los sentidos ocultos de ella, pero la intuición de "ser o no ser, esa es la cuestión" ha calado de tal manera en la posterior evolución del pensamiento humano que el autor de la cita no hubiera podido comprenderlo.
Una estudiante de sociología danesa, Tanya Yorgensen**, ha calculado el tiempo que los humanos han empleado en repetir la famosa frase desde la primera representación de Hamlet, y esto da un lapso muchas veces superior a lo que duró la propia existencia de Shakespeare. Según los cálculos de Tanya cabrían unas mil quinientas vidas del bardo, esto es, hubiéramos tenido a Hamlet repitiendo la primera sentencia de su monólogo desde la aparición de los primeros cromañones hasta hoy...
Algo hay sin duda en la frase que nos llama, recurrentemente, a buscarle un sentido nuevo aún no apercibido.
¿A qué se refiere el bardo?
Ser o no ser.../ y luego viene la cuestión, pero si hay una cuestión es porque hay que decidir, porque se puede optar, y entonces la libertad del hombre pone al intelecto a trabajar sobre la duda, buscando una respuesta, que permitirá planificar un plan, que será personal, y que lo llevará a... Ser o no Ser. Pero si este hubiera sido el sentido, seguramente Shakespeare hubiera empleado otra frase: suicidarse o no suicidarse; vivir o no vivir; mantenerse (por un esfuerzo consciente) en toda la integridad o dejarse llevar por las fantasmales manos entrópicas que tiran de nosotros desde la tumba...
Ser o no Ser.../
El muchacho tiene en las manos la calavera de su padre, muerto de una muerte agudamente dolorosa, y ve en ella la prefiguración de su propia muerte, inevitable. Sin duda filosofa sobre el sentido de la vida y el de la muerte
/...esa es la cuestión.
La cuestión es precisamente que él, con su mano de carne, sostiene ante sus ojos la calavera de hueso, muerta, de su propio padre. Y los ojos vacíos de su progenitor; de su propio origen en el mundo; miran sus ojos repletos de vida y de preguntas sin contestarle con nada más que con ser lo que es, una calavera seca, donde ya ni los gusanos se alimentan, y que es, a la inversa del vacío del que hablaba Lao-Tsé que hacía que la taza fuera taza, la substancia que permitió que en el hueco anidarán la esperanza, el amor, la confianza, la sabiduría, la responsabilidad, y también los demonios de aquel que fue su padre y ahora ya no es nada.
La cuestión es que entre el ser y el no ser se sitúa todo cuanto podemos transmitirnos sobre este mundo, como Shakespeare nos transmite su reflexión en boca de Hamlet, pero al final todo ello es del ser, y del no ser no sabemos nada, salvo que es el vacío que hace a la taza, o el cráneo que encierra el mundo.
O quizá sea la madre del universo, una cosa indefinible e inexplicable, de quien Lao-Tsé, que nació viejo de más de ochenta años, intentaba tomar teta.
Lo mismo que Shakespeare, porque si no... ¿a qué ese empeño en poner la cuestión (el fondo y la forma de nuestra taza) en esa misma cuestión?
Lo mismo que los cromañones; que llevamos ya ochenta mil años tomando en nuestras manos las calaveras de nuestros padres y tratando de entender qué es el ser y qué es el no ser.
*Helen Keller "luz en mi oscuridad" cap. III
**Tanya Yorgensen "El umbral significativo: un ensayo sobre la influencia de las obras de Arte en la inteligencia global" (aún no traducido al castellano)
El estar vivo, e inmerso en el mundo, es creo yo suficiente justificación para ser capaz de escribir tales obras. Seguro que Shakespeare no tuvo tiempo de calcular todas las implicaciones de su frase, ni todos los sentidos ocultos de ella, pero la intuición de "ser o no ser, esa es la cuestión" ha calado de tal manera en la posterior evolución del pensamiento humano que el autor de la cita no hubiera podido comprenderlo.
Una estudiante de sociología danesa, Tanya Yorgensen**, ha calculado el tiempo que los humanos han empleado en repetir la famosa frase desde la primera representación de Hamlet, y esto da un lapso muchas veces superior a lo que duró la propia existencia de Shakespeare. Según los cálculos de Tanya cabrían unas mil quinientas vidas del bardo, esto es, hubiéramos tenido a Hamlet repitiendo la primera sentencia de su monólogo desde la aparición de los primeros cromañones hasta hoy...
Algo hay sin duda en la frase que nos llama, recurrentemente, a buscarle un sentido nuevo aún no apercibido.
¿A qué se refiere el bardo?
Ser o no ser.../ y luego viene la cuestión, pero si hay una cuestión es porque hay que decidir, porque se puede optar, y entonces la libertad del hombre pone al intelecto a trabajar sobre la duda, buscando una respuesta, que permitirá planificar un plan, que será personal, y que lo llevará a... Ser o no Ser. Pero si este hubiera sido el sentido, seguramente Shakespeare hubiera empleado otra frase: suicidarse o no suicidarse; vivir o no vivir; mantenerse (por un esfuerzo consciente) en toda la integridad o dejarse llevar por las fantasmales manos entrópicas que tiran de nosotros desde la tumba...
Ser o no Ser.../
El muchacho tiene en las manos la calavera de su padre, muerto de una muerte agudamente dolorosa, y ve en ella la prefiguración de su propia muerte, inevitable. Sin duda filosofa sobre el sentido de la vida y el de la muerte
/...esa es la cuestión.
La cuestión es precisamente que él, con su mano de carne, sostiene ante sus ojos la calavera de hueso, muerta, de su propio padre. Y los ojos vacíos de su progenitor; de su propio origen en el mundo; miran sus ojos repletos de vida y de preguntas sin contestarle con nada más que con ser lo que es, una calavera seca, donde ya ni los gusanos se alimentan, y que es, a la inversa del vacío del que hablaba Lao-Tsé que hacía que la taza fuera taza, la substancia que permitió que en el hueco anidarán la esperanza, el amor, la confianza, la sabiduría, la responsabilidad, y también los demonios de aquel que fue su padre y ahora ya no es nada.
La cuestión es que entre el ser y el no ser se sitúa todo cuanto podemos transmitirnos sobre este mundo, como Shakespeare nos transmite su reflexión en boca de Hamlet, pero al final todo ello es del ser, y del no ser no sabemos nada, salvo que es el vacío que hace a la taza, o el cráneo que encierra el mundo.
O quizá sea la madre del universo, una cosa indefinible e inexplicable, de quien Lao-Tsé, que nació viejo de más de ochenta años, intentaba tomar teta.
Lo mismo que Shakespeare, porque si no... ¿a qué ese empeño en poner la cuestión (el fondo y la forma de nuestra taza) en esa misma cuestión?
Lo mismo que los cromañones; que llevamos ya ochenta mil años tomando en nuestras manos las calaveras de nuestros padres y tratando de entender qué es el ser y qué es el no ser.
*Helen Keller "luz en mi oscuridad" cap. III
**Tanya Yorgensen "El umbral significativo: un ensayo sobre la influencia de las obras de Arte en la inteligencia global" (aún no traducido al castellano)
02 octubre 2009
Estudiándome a mí mismo...
No le tengo mucho miedo a la muerte. Me da más miedo el miedo que sentiré cuando me muera.
28 junio 2009
crCri cri cri cri cri
Ha venido un grillo -dijo el taxidermista.
.- Sí, -dije yo- lleva ya varios días viniendo por aquí.
.- ¿Es grillo o grilla? -dijo el taxidermista.
.- No lo sé, -dije- a lo mejor sólo cantan los machos.
.- Y a lo mejor cantan los machos y las hembras, pero tienen una canción diferente para cada sexo.
.- Sí, y si supiéramos las canciones de los grillos podríamos diferenciar los machos de las hembras.
.- Nos pasamos la vida repitiendo las mismas cosas inútiles y en cambio no conocemos las cosas importantes del mundo en que vivimos -dijo el ladrón.
.- No conocemos nada de la vida de los que nos acompañan en el mundo -dije yo.
.- Ni de nosotros mismos -dijo el taxidermista.
.- Porque lo importante son los seres vivos, ¿no? dijo el ladrón.
.- Y los muertos -dijo el taxidermista.
.- Sí, -dije yo. Si los muertos son importantes imagínate los vivos.
.- Sí...
Ha venido un grillo -dijo el taxidermista.
.- Sí, -dije yo- lleva ya varios días viniendo por aquí.
.- ¿Es grillo o grilla? -dijo el taxidermista.
.- No lo sé, -dije- a lo mejor sólo cantan los machos.
.- Y a lo mejor cantan los machos y las hembras, pero tienen una canción diferente para cada sexo.
.- Sí, y si supiéramos las canciones de los grillos podríamos diferenciar los machos de las hembras.
.- Nos pasamos la vida repitiendo las mismas cosas inútiles y en cambio no conocemos las cosas importantes del mundo en que vivimos -dijo el ladrón.
.- No conocemos nada de la vida de los que nos acompañan en el mundo -dije yo.
.- Ni de nosotros mismos -dijo el taxidermista.
.- Porque lo importante son los seres vivos, ¿no? dijo el ladrón.
.- Y los muertos -dijo el taxidermista.
.- Sí, -dije yo. Si los muertos son importantes imagínate los vivos.
.- Sí...
21 junio 2009
. ¡Y qué miedo debe dar morirse si en el último segundo de la vida el alma se refugia en el pasado buscando otra salida!
Y aquí estamos, Madre, viendo pasar los años. Ya poca cosa queda de la alocada jovencilla que fuiste un día.
Aunque sé que fuiste joven, siempre te vi vieja, porque mira, me llevabas de ventaja muchos años.
Y qué miedo debe dar morirse si en el último segundo de la vida el alma se refugia en el pasado buscando otra salida.
Mejor cualquier otra cosa, Madre. Mejor cualquier otra cosa que esta angustia permanente.
Mejor haberme matado en tu seno, cuando apenas sí pensaba, cuando apenas sí sentía, y no sabía lo que era el miedo.
¡ASESINA! ¡Asesina irresponsable! que dándomela vida me has dado la muerte.
Y aquí estamos, Madre, viendo pasar los años. Ya poca cosa queda de la alocada jovencilla que fuiste un día.
Aunque sé que fuiste joven, siempre te vi vieja, porque mira, me llevabas de ventaja muchos años.
Y qué miedo debe dar morirse si en el último segundo de la vida el alma se refugia en el pasado buscando otra salida.
Mejor cualquier otra cosa, Madre. Mejor cualquier otra cosa que esta angustia permanente.
Mejor haberme matado en tu seno, cuando apenas sí pensaba, cuando apenas sí sentía, y no sabía lo que era el miedo.
¡ASESINA! ¡Asesina irresponsable! que dándomela vida me has dado la muerte.
17 junio 2009
La felicidad... Humm, es algo más que una sensación, más que una emoción.. Yo diría que es algo así como un estado de ánimo, ¿no?
Bueno, pues si es un estado de ánimo debe de ser una de las poquísimas cosas que están bajo nuestro control.
El truco que usa la sociedad para que seamos los miembros disminuidos que necesita es hacernos creer que no depende de nosotros. Así toda la energía que ponemos en conseguirla (que puede ser más que la que un humano equilibrado gastaría en sobrevivir), la puede desviar, este monstruo holista que conformamos, en provecho de fines que nos son ajenos.
Bueno, pues si es un estado de ánimo debe de ser una de las poquísimas cosas que están bajo nuestro control.
El truco que usa la sociedad para que seamos los miembros disminuidos que necesita es hacernos creer que no depende de nosotros. Así toda la energía que ponemos en conseguirla (que puede ser más que la que un humano equilibrado gastaría en sobrevivir), la puede desviar, este monstruo holista que conformamos, en provecho de fines que nos son ajenos.
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