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08 marzo 2010

Malestar

Habíamos tomado una de esas sustancias que aumentan la empatía temporalmente y estábamos en su casa, cómodamente instalados frente al televisor, arañandole a la noche los últimos momentos de anonimato. Yo estaba en el suelo con una manta. El otro colega dormía ya, muy pálido, en un sofá. 



Ya amanecía. Ella se disponía a echarse a dormir. Me enseñó las pastillas que tomaba: Esta para la esquizofrenia, estas para dormir, esta para el cáncer...
Inquirí.

Me contestó.

Hice un gesto.

.- ¿quieres ver? -me preguntó.

.- Más bien tocar -le contesté.

.- No notarías nada -dijo- y se levantó la camiseta.

De repente entendí por qué en su habitación los sujetadores me habían parecido tan grandes:

.- ¿Te enrollas con una chica? -había preguntado yo.

.- No. Son míos -había contestado ella- pero a mí no me había encajado el tamaño.

Ahora veía por qué: del interior de la copa izquierda, donde no debería haber hueco para nada, sacó un pañuelo de cuello. Luego apartó el sujetador: no tenía pecho. Un gran tijeretazo recorría su pecho desde la izquierda hasta casi el esternón a la altura de la base de la mama: había una fea cicatriz, con los bordes en desnivel, umbilicada, de color más oscuro que la piel. 

Otra sajadura algo más pequeña, disimétrica, ligeramente convergente cruzaba cuatro dedos más arriba. Entre las dos el espacio donde debía haber estado el pecho se veía ligeramentre abombado. No puede ser tejido mamario, pensé mientras ponía mi mano encima. No lo era, no sé qué era, era blando.

.- Me tuvieron que rellenar con piel de la espalda -dijo- y se giró para que lo viera. Otra gran cicatriz...

Volvió a girarse y entonces vi junto a la parte herida el pecho más asustado que había visto en los últimos 20... 23 años. 

.- ¿Quieres tocar mi pechito? -dijo.

Era obvio que sí. Puse la mano encima pero ella se tapó enseguida. Volvió a cubrirse con el sujetador, la camisa, el jersey y la chaqueta. Yo me quedé pensando... 20 años antes me había costado dos días despertar un pecho parecido; con los pezones hundidos, la areola fláccida, el color gris uniforme. 

.- Pensaba que no tenía sensibilidad en el pecho -me había dicho ella. Pero sí la tenía, y sus pechos en unos días se habían vuelto hermosos y orgullosos... Pero eso había pasado hacía más de 20 años, cuando yo aún era joven y guapo, y noble y puro. Y la chica quería vivir y curarse. 

Ahora me encontraba en el comedor de una casa desahuciada, oyendo de fondo las tonterías que hacen en la tele de madrugada, mientras la chica de hoy se había acomodado en el sofá, acompañada de sus dos animales castrados, y buscaba sobre la mesa algún resto de sustancia embriagadora a la vez que esperaba que el concentrado de sueño hiciera su efecto.



Cuando empezó a roncar, desperté a mi amigo y nos fuimos en silencio.

14 febrero 2010

Paranoia

Es un pobre desgraciado, que padece una terrible obsesión:

Está convencido de que Dios quiere matarlo.

24 enero 2010

20 enero 2010

consciencia

Aunque no seamos conscientes de  muchas cosas nuestro subconsciente es consciente de todo. La conquista de la consciencia consiste en ser más conscientes de las cosas de las que nuestro subconscinete ya era cosnicente. 

19 enero 2010

pregunta de test

Hace ya unos cuántos años fui a renovar el carnet de conducir, y elegí hacerlo en la Cruz Roja para que mi dinero aprovechara en bien de muchos, y no en exclusivo provecho de unos pocos. El psicotécnico incluía la pregunta de si había hecho alguna vez alguna cosa que me avergonzaría que supiera mi madre.

Me negué a contestar a aquella pregunta que pretendía averiguar algo del ámbito estrictamente privado. Afirmé que sin duda aquella pregunta era anticonstitucional y contraria a la Declaración Universal de los Derechos humanos. Despotriqué contra los niñatos psicólogos que habían diseñado aquel test y le dije al amable médico que me atendía que aquella injerencia en asuntos tan íntimos era la avanzadilla de la Policía del Pensamiento y del Gran Hermano.

El hombre, que seguía diciendo que había que contestar a todas las preguntas, añadió que de todas maneras yo daba un perfil paranoide, y que no aprobaría el psicotécnico. Y me consoló (como si eso pudiera ser un consuelo) diciéndome que él también daba un perfil paranoide. Rompió, para hacerme un favor, el test en lugar de suspenderme y me sugirió que fuera a hacerme el carné en una agencia normal, donde no me darían más que facilidades. 

Pero claro, no fui. Anduve cabreado un par de semanas y tuve el carné caducado casi 5 años, y entretanto se llevaron a cabo simultáneamente en muchos países los primeros experimentos públicos de espionaje total de la intimidad, con los buenos resultados que todos conocemos...

NOTAS:

1.- Se puede reconocer el grado de paranoia que nuestra sociedad le atribuye a Orwell en el nombre por el que se conoce la plaza que en la ciudad de Barcelona tiene dedicada: Plaza del Tripi

2.- No sé en cambio si esta coincidencia tiene algún significado o es simple paranoia mía: Policía del Pensamiento <=> PP

Post hecho al rebufo

del de C.E.T.I.N.A

18 enero 2010

ni madrugando

Hoy he salido a la calle muy temprano y no he visto...

¡Qué rabia!

Quería gritar:

¡¡NO VEO A NADIE FELIZ!!

13 diciembre 2009

Punto de contacto

En la frontera entre yo y el mundo se libra la batalla.

Ahí hago juegos malabares con lo que toco.

Soy el único responsable de esa frontera.

23 agosto 2009

trascendencia

todo acto tiene un sentido intrínseco, dictado por una inescrutable fuerza que es común en los ámbitos científicos y religiosos, de alguna forma cada acción tiene un lazo con dicha fuerza que lo hace pertenecer siempre al terreno del ceremonial. En pocas palabras todo acto es un ritual, y el pecado verdadero está en desviar la mirada ante tal ceremonia, en huir ante su profundidad.


De "el mito de la realidad"
(enlace aquí al lado)