31 octubre 2006

40 millones de asesinos matando a un solo tipo tocan a un 40 gigavo de asesinato cada uno pero el tipo está muerto

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EL 10 DE JULIO DE 1997 ETA SECUESTRÓ A MIGUEL ANGEL BLANCO. Y EXIGIÓ EL ACERCAMIENTO DE SUS PRESOS A LAS CÁRCELES VASCAS A CAMBIO DE SU VIDA.DOS DÍAS DESPUES MURIÓ

Yo no me lavé las manos con pintura blanca cuando ETA secuestró a Miguel Angel Blanco. Yo no exigí su inmediata liberación en tono ofendido y justiciero. Yo no respaldé unánime al gobierno en su decisión de no ceder al chantage. Yo sabía que lo que ETA pedía era justo y acorde a nuestra normativa penitenciaria. Yo sabía que la separación de los presos de ETA no era un medio viable de presión sobre la organización y que más bien obtenía el efecto contrario: que numerosos ciudadanos vascos ligados emocionalmente a presos o familiares se sintieran maltratados por el gobierno español. Yo sabía que la separación de los presos de ETA era un mezquino e injusto castigo en personas inocentes. Yo no acusé colérico ¡ASESINOS! Cuando todavía estaba vivo. Yo miraba horrorizado la televisión, oía horrorizado la radio, escuchaba horrorizado a la gente hablando en círculos por la calle. Yo me sentía el único hombre lúcido en medio de tanta locura. Yo lloré pensando en Miguel Angel Blanco.Dios mío, pensaba, si ve esto, sabe que está condenado. Y estaba seguro de que la ETA también se horrorizó, porque a nadie le gusta matar, salvo a los cazadores. Yo no me atreví a decir nada, me daba miedo la gente. Me daban miedo todos esos asesinos de fin de semana; chapuceros ocasionales; que se apuntaban al asesinato de otro lavándose las manos. Yo me sentía más hermano de la ETA que de la gente, y casi deseaba tener a uno de ellos a mi lado para tener con quien hablar................

Y bueno, ya sabéis el resto.

2 comentarios:

Irénicus dijo...

¡Qué bueno!

Yo, por entonces, era muy pequeño; ganarías aun apostando que tengo menos de 20. Ahora, eso sí, no consigo identificarme con ningún colectivo que ponga la voz en el cielo con una moralidad incoherente y falsa empatía: no me gusta la tauromaquia, pero menos aun los mataderos donde se torturan los animales que todos nos comemos. Por poner un ejemplo. Qué menos que admitir que a -casi- todos nos gusta la carne, sin pintarnos las manos para ocultar las manchas de sangre.

huelladeperro dijo...

Gracias por el comentario. Ya tenía ganas de que alguien le entrara al trapo a este post.

Lo peor es mentirse, el engaño en el que conscientemente nos mantenemos todos (cada uno a sí mismo y unos a otros) para aparecer inocentes.

Por los resquicios de esa falsa respetabilidad se cuelan muchos males.