31 julio 2007

Cuando el mundo colapse y se exhale de nuevo...

Me despierto, mi padre está a mi lado, es de noche, la habitación es grande y climatizada, hay unas cuatro camas más y en ellas duerme gente. Todo es blanco.
.- Hola, papá ¿qué tal estoy?
No muy mal, has tenido mucha suerte. Tienes un gran scalp de veinte centímetros en la cabeza, y te han dado 36 puntos para cosértela. Ahora la tienes vendada, te afeitaron la mitad de la cabeza para coserte y los puntos impresionan bastante, así que si te quitan el vendaje estás muy feo.
Me lo intento imaginar, ¡qué pinta más rara debo tener! Hmm, la cabeza, espero que mi preciosa caja craneana esté intacta, mi cerebro...
.- Te han mirado bien, sigue diciendo mi padre, no tienes nada roto en la cabeza.
.- Tenías la oreja izquierda colgando del lóbulo, te la han cosido, pero no están seguros de que agarre, igual la pierdes.
.- Tenías el hueso ilíaco roto longitudinalmente de arriba abajo, son los dos grandes huesos que recubren las nalgas. Son huesos macizos, los más duros del cuerpo, de dos centímetros de grosor, hace falta una enorme energía para romperlos.
.- No me acuerdo...
.- Es normal, han dicho que poco a poco irás recordando.
No me acuerdo de la caída, pero sí de todo lo demás: cómo había ido a las 8 de la mañana en ayunas desde el mediodía anterior, que había tomado una fanta de naranja en la estación de autobuses, dos horas de subida hasta las vías...
.- ¿Qué hora es?
.- Son las dos de la noche, llevas cuatro horas durmiendo.
.- Tengo sed.
.- No puedes beber hasta que pasen 2 horas, es por la anestesia.
.- Me encuentro perfectamente, no me pasará nada.
.- Mi padre me moja los labios con un paño, ni una gota se cuela.
.- Esto es todo lo que puedo hacer.
¡Cabrón inflexible!
.- Te han clavado un hierro en la tibia, y de él una cuerda llega hasta los pies de la cama, pasa por una polea y sostiene siete kilos. Se llama una tracción, lo han hecho para que el hueso suelde bien, y pone sus manos una al lado de la otra para mostrarme. ¿Ves? al romperse el hueso la pierna queda suelta, y la retracción de los músculos desparejaría los dos trozos de hueso -y desliza los cantos de las manos uno sobre otro para mostrarme- con la tracción consiguen que queden igualados -y vuelve a poner las manos parejas-
.- ¿Y no necesito escayola?
.- No, la carne que hay en las nalgas es suficiente para sostener el hueso, tendrás que estar en el hospital un mes, hasta que un cartílago suficientemente fuerte se haya formado, y luego otro mes en casa pero sin levantarte, y luego otro mes andando con muletas.
.- ¿Y quedará bien?
.- Dicen que quedará perfecto (Y quedó).
.- ¿Qué más me han hecho?
.- Te han puesto dos bolsas de sangre.
Recuerdo... cómo me encontré caído en el suelo, al pie de las paredes que tan bien conocía, la escuela local de escalada; cómo al intentar levantarme un fuerte dolor me hizo comprender que tenía la cadera izquierda rota (bueno, ahora lo sabía, el ilíaco) cómo entonces me miré bien, y sí, tenía la camisa llena de sangre; cómo deduje que me había caído; cómo me examiné a conciencia y vi que no tenía nada más grave que la cadera izquierda y la muñeca derecha rotas; cómo comprobé que no tenía heridas sangrantes, y que la sangre de la cabeza había dejado de manar; cómo calculé que, como mucho, había perdido un vaso de sangre y cómo ya había organizado mi vuelta a la civilización, dándome un margen de quizá 12 horas, y ya iba a poner en marcha mi plan cuando apareció la guardia civil que desde una montaña vecina me habían visto caer.
Recuerdo cómo una vez en la mesa de operaciones me habían afeitado la cabeza con una maquinilla gillette que había perdido el filo desde antes del principio, y había dolido como los demonios; cómo a mitad de cosérmela habían empezado a hacerme algo en la pierna a la altura de la rodilla, y cómo al preguntarles qué estaban haciendo y decirles que no me pasaba nada en la rodilla, me hicieron respirar en una mascarilla y... vaya, no recordaba nada más.
Así que para no tener que explicarme lo de la tracción habían decidido darme anestesia general, cuando ya habían empezado a operarme con anestesia local. A mí, que había estado hablando todo el tiempo con el anestesista de vías de escalada que ambos conocíamos, de accidentes de montaña, de pasos aéreos delicados, de agarres precarios, de tacos que sujetaban estribos que entraban y salían de sus alojamientos y soportaban al escalador sólo porque hacían palanca, y de agarres de adherencia a 300 metros de altura. Me sentía decepcionado. Yo creía que me había ganado su respeto pero ellos me habían tratado como a un histérico más.
¿Y qué más había pasado?
Entre la anestesia y las casi treinta horas sin comer y sin apenas beber, era normal que mi tensión hubiera sido muy baja, ya lo era de normal, si no hubiera estado dormido se lo podría haber dicho. Mientras yo hablaba no comprobaban nada, y trabajaban tranquilos, mi presencia entre ellos era garante de que estaba bien. En cuanto me pusieron la anestesia tuvieron que empezar a comprobar mi tensión, (si era frecuente que la tuviera de 9 de máxima me podía haber bajado hasta 7, quizá 6) y viéndola tan baja me metieron sangre hasta hacerla subir a un indice 'razonable'.
Y luego un gotero, me estaba diciendo mi padre.
.- Eso estaba de más.
.- ¿El qué?
.- Las dos bolsas de sangre, estaban de más, no había perdido tanta sangre.
Mi padre sigue hablando, pero no le escucho. Una sensación de rechazo se adueña de mí. Han metido en mi cuerpo algo de otra persona, algo que se ha criado en sus venas, y sé, sospecho más que vagamente lo compleja que es la sangre. Sé que no sólo está la sangre con la proteína A, la B, y el factor R, sino que hay muchos otros parámetros que identifican y hacen única la sangre de una persona. Sé que hay muchas proteínas absolutamente individuales, y enfermedades, infecciones, que en unos permanecen latentes pero en otros pueden desarrollarse. No estoy en contra del uso de la sangre con fines médicos, pero entiendo que es un último recurso, precisamente por eso, por que es una sustancia viva, siempre ajena al receptor, y su uso sólo debería estar justificado como último recurso...
Estamos en septiembre del 79. Yo tenía 17 años, y en las semanas siguientes yo noté cosas extrañas; y que mi carácter cambiaba; y lo achaqué a la sangre extranjera que corría ahora por mis venas.
Cuando tuve 18 años me hice donante de sangre, confiando a pesar de todo en que mi sangre sería utilizada para salvar vidas, y no de la forma irresponsable en que la había visto utilizar.
En 1984 me llamaron del centro de trasfusiones de mi comunidad. Habían descubierto en mi sangre anticuerpos contra un virus. El test de detección era nuevo desde apenas un año, aunque se sabía de la existencia de la enfermedad desde hacía bastante. La evolución era muy lenta, sólo se transmitía por sangre.
Ahora se sabe que aproximadamente un 3 % de los pacientes mueren por su causa al cabo de 30 años.
Me desespera haber transmitido esta estúpida enfermedad a tanta gente como bolsas de sangre me sacaron en las donaciones.

Pero lo peor es que, por mucho que pienso y pienso, no sé qué más podría hacer, una vez el mundo colapse y se exhale de nuevo, para merecer un trato respetuoso por parte de esos irresponsables.

4 comentarios:

Gen dijo...

Vaya historia! Pero qué pasa... qué ibas sin asegurar?
Y cuál es esa enfermedad y cuál es ese anticuerpo?
Y qué grupo sanguíneo eres? Yo apuesto porque eres 0.


Sigo el comentario en mi blog.

Diana dijo...

Impresionante...
Saludos!

huelladeperro dijo...

1) Sí, escalar uno mismo asegurado requiere repetir cada largo tres veces. Bueno, no me maté, y caí de más de 17 metros... de culo. la rotura del ilíaco, y la de una emorme piedra plana de rodeno sobre la que caí debieron absorber, casi exactamente, la energía del golpe. No tuve ni magulladuras en el culo.

2)Hepatitis C (cursa, de momento, asintomática)

3) Sí. O+ ¿por qué apostabas por ese?


Te sigo, Diana, Saludos

Gen dijo...

Una intuición que aún no acierto a razonar. No sé, tú físico, tus formas de reaccionar, lo que escribes... Hay personas que cuando las escuchas-observas parecen que tienen en su ser la veteranía de haber vivido mucho

0 (Old) es el tipo de sangre más antiguo. 0 es el cazador, el guerrero, el nómada. REsistente, aún en las condiciones más duras. Individualista, competitivo. De espacios abiertos. De naturaleza. Ve luchas donde otros ven comodidad. Capaz de lo peor y de lo mejor. Amigo y enemigo.

Claro, que también la estadística jugaba a mi favor. El 45% de la población mundial es 0. :)