30 noviembre 2008

La investigadora ha depositado la caja misteriosa delante del chimpancé y ahora ejecuta un pequeño ritual de pases mágicos al final de los cuales introduce la varita por una puertecita y extrae una golosina…

Enseguida vemos al mono repetir los gestos de la investigadora y conseguir, él también, un premio.

En una cercana isla hay un pueblo en el que la investigadora repite el experimento: la misma caja mágica, los mismos golpecitos dados con la varita, los mismos pasadores y bisagras movidos de la misma forma…

La niña ha memorizado los gestos de la investigadora (una especie de combinación de la caja de caudales), y vemos como acto seguido los repite y obtiene, ella también, su premio.

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Unos días después la investigadora ha vuelto a la isla con una caja idéntica pero transparente; en la que el premio permanece oculto detrás de la misma puertecita de la primera vez, mientras que la transparencia de la caja permite comprobar que las llaves y palancas que se habían accionado la vez anterior no tienen conexión alguna con el premio. Los niños obvian ahora todos los gestos manifiestamente inútiles que hicieron la primera vez y hacen simplemente los movimientos que les permiten obtener el premio.

En la selva cercana la investigadora somete a los chimpancés al mismo test; el de la caja transparente, y resulta que todos hacen lo mismo: repiten fielmente los gestos de la vez anterior, los que les había enseñado la investigadora, a pesar de que pueden ver perfectamente que no tienen relación causal alguna con la obtención del premio…
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La voz en off nos explica que aquí radica la diferencia que nos hace humanos, y que es gracias a esto que nuestra sociedad es más próspera que la de nuestros primos del género pan. La imitación servil, propia de los monos, no tiene nada que ver con la capacidad humana de discernir, en cada circunstancia, los elementos reales del problema; capacidad que nos ha llevado a la conquista de nuestro medio ambiente, del lenguaje, del arte y de las más altas cimas intelectuales y filosóficas.






10 comentarios:

Pareidolia dijo...

Mon Dieu, creo que voy a pasar de los hombres y me voy a cenar con un chimpancé...Interesante documento...
besicos

Anónimo dijo...

tio, deberias dar clases en la universidad o ser locutor de radio


pareidolia: si al final todos queremos ser monos, que, se descojonan de Darwin,y los gatos más.

El Can dijo...

Lo de las clases en la universidad ya lo probé, acabé hasta los cojones de los profesores y de la misma universidad.

Los chimpancés deberían dar clases en la universidad, pero no creo que en el mundo haya nadie dispuesto a aprender cosas nuevas...

Jor dijo...

jajaja... a mi me pasó lo mismo

El Can dijo...

Jor: feliz navidad! Año nuevo vida nueva, eh?

Pareidolia dijo...

Hola!
Mi gatita y yo te deseamos que el año que viene se cumplan esas cosas q piensas y dices "joer, si pudiera haría esto o eso otro". Pues eso, q se cumplan esos "joer". Por mi parte esperaré tranquilamente a que estas mierda de fiestas se terminen y q con un poco de suerte no se me atragante nadie en las uvas, porque todos los años hay amagos y siempre me digo ¿por qué coño no me saqué el curso ese de primeros auxilios?
Lo dicho y un besico

Jor dijo...

Gracias, majo, gracias

Me gustaría que algún día contaras más cosas de aquel post sobre la secta, el discípulo aceptado... Sigues yendo?

Diana dijo...

impresionante cómo los humanos nos la vivimos haciendo tanta cosa innecesaria...

Diana dijo...

dónde andas que hace mucho q nos é de ti?

Natali dijo...

En realidad es al revés de como lo describiste, los chimpancés son los que hacen la conducta de obtener el dulce de una sola vez mientras que los niños siguen haciendo los mismos pasos...