17 marzo 2008

Mi amigo escribe poesía mística, y yo soy su corrector literario. Mientras él trabaja, liaré un porro de maría.
¡Qué maravilla!
Cogollos de un verde intenso…
Cogollos algodonosos por el brillo del THC.
Su olor a hierbabuena, tomillo y melocotón enseguida ha llenado la habitación.
Acerco mis manos con reverencia.
¡No tener tijeras en vez de dedos!

Ya la extendí sobre el papel
y la miro impresionado.
¡Qué poder tiene esta hierba!
Tengo ante mí la dosis para una nueva aventura.
Y hay tantos cogollos en el mundo…
Esta humilde yerba que crece en el campo es capaz de influirme más que puedo yo mismo.
¡Cómo la naturaleza es fuerte!
y pródiga, y profusa…
Podríamos…

Y recuerdo que Jesucristo dijo:
Si tuvierais la fe de un cogollo de maría, podríais decirle a esa montaña ¡levántate, y muévete ahí! Y a vuestra voz ella recogería sus faldas, y marcharía a donde le hubierais dicho

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